| ÍNDICE | Introducción | Cap. 1 Teleol. y Deontol. |
Cap. 2 Ét. Medioambiental |
Cap. 3 Ét. Responsabilidad |
Cap. 4 Ét. Extensionista |
Cap. 5 Contraste |
Cap. 6 Críticas |
Cap. 7 Conclusiones |
Bibliografía | ![]() |
La crítica hacia Jonas nos da pie para comenzar a cerrar las argumentaciones de la presente tesis. En términos prácticos, muchos de los pensadores y activistas que en la actualidad se preocupan por los temas medioambientales y las problemáticas que afectan al mundo y al ser humano, consideran que la insistencia en limitar o reglamentar las intervenciones humanas sobre la naturaleza, sólo tendrá efecto si se acompaña de la correspondiente atribución de valores intrínsecos a la misma, destituyendo la valoración instrumental que hasta ahora se le ha brindado. De ahí que los diferentes planteamientos de la environmental ethics supongan un quiebre con los esquemas tradicionales de la ética, e instauran una nueva visión sobre las relaciones morales del hombre con el medioambiente. En mayor o menor medida, la ética de la responsabilidad jonasiana y la ética extenionista singeriana avanzan por este camino al ampliar los objetos de consideración moralmente relevantes para el hombre, instaurando nuevos interlocutores que se requiere considerar hoy para poder hablar de una ética "a la altura" de las problemáticas actuales; de modo que tanto la naturaleza misma, como el "animal humano" y los animales no humanos, son tenidos como fines en sí mismos y valorados intrínsecamente.
Respecto a la novedad de ambas éticas, ya vimos que no se clasifican dentro de las éticas novísimas y originales, sino que reciclan conceptos y puntos de vista de la ética tradicional antropocéntrica, para determinar un cambio desde el interior de este ámbito. Es decir, remiten irremisiblemente a unas raíces anteriores con las que establecen una continuidad. De hecho, ellas resitúan y problematizan sobre los alcances conceptuales y referenciales de muchos conceptos morales, como autonomía, libertad, derecho, ley natural, etc. El retener estos nuevos matices significativos y concederles protagonismo en el análisis de los nuevos escenarios éticos, es una tarea inevitable si queremos dotar de actualidad a la ética.
Hablando desde un ámbito meta-ético, la objetividad y la subjetividad no son excluyentes en las tendencias actuales. La ética extensionista y de la responsabilidad reivindican el quehacer ético como una tarea cultural, social y humana; que no puede desentenderse de los conocimientos de la ciencia. Hoy no podemos, con Kant, pretender que "el común de los hombres" formule sus decisiones éticas de manera desinformada, que sepan sin ayuda de la ciencia cuál es su obligación. La misma complejidad de los problemas éticos y medioambientales nos exigen manejar conocimiento e información. De modo que el objetivismo de los valores intrínsecos que requiere la nueva ética, más la disquisición y problematización a nivel subjetivo y autolegislado, son tendencias irremplazables para los nuevos rumbos de la ética. En palabras de Velayos:
"la ética medioambiental matiza satisfactoriamente el dualismo abrupto entre la res cogitans y la res extensa. El ser humano no es ya más un aparte desarraigado de un mundo concebido como un afuera."160
Para Jonas la naturaleza, el ser humano actual y futuro, para Singer los animales no humanos, son las "nuevas" entidades que tienen cabida en la esfera moralmente relevante, son los nuevos protagonistas de nuestra vida moral. Esto tiene dos problemas que resolver: por un lado, la preocupación moral se hace "multifocal" por cuanto debe dar cuenta de hombres, naturaleza, generaciones futuras, animales no humanos – e incluso a veces, dependiendo de la teoría, de ecosistemas y organismos . Esta preocupación multifocal dificulta el panorama metodológico con el que una sola ética deba dar cuenta de la relevancia moral, las relaciones interespecíficas, los valores adscritos, etc. Por otra parte, el problema de la aplicabilidad práctica cuando debemos escoger entre diversas éticas medioambientales, ¿cuál de ellas debe inspirar la política y la legislación? Ante estas dos relevantes problemáticas, tenemos dos posibles respuestas: el monismo o el pluralismo moral. Según el monismo moral, debemos tender a unificar criterios en una sola ética que, bajo una visión global y única justifique el valor de las entidades y recomiende ejes de acción. Para el pluralismo moral, cada situación particular es compleja y no existe un punto de vista teórico que pueda afrontarse a esta doble problemática teórica y práctica. De modo que si miramos con atención el mundo en que vivimos, podemos descubrir el pluralismo ético que se hace presente en todas las culturas y estilos de vida. Aplicado esto a los problemas mencionados, una nueva ética medioambiental no necesita abandonar o sustituir aparatos conceptuales clásicos como el utilitarismo o el deontologismo kantiano. Por el contrario, la complementación o matiz entre unos y otros nos pueden llevar a comparar y resolver las diferencias desde diversos puntos de vista. De hecho, si analizamos el intento de la ética discursiva por combinar elementos deontológicos y teleológicos, podemos darnos cuenta que no es una insensatez buscar esa complementación en ética medioambiental. En este sentido:
"el pluralismo moral es una tesis filosófica, no moral, que permite abordar los problemas morales cotidianos desde otro punto de partida."161
Esta nueva tendencia estaría marcando los pasos de la ética medioambiental, hoy. Y somos afortunados si analizamos las concordancias existentes entre la ética de la responsabilidad y la ética extenionista, porque podemos visualizar sus alcances y la manera diversa con que llegan a sugerirnos lo mismo: ampliar los alcances de nuestra ética y de nuestra consideración moral hacia la naturaleza y los seres que la componen. Si bien ambas éticas ponen diferentes énfasis y son tributarias de diferentes tradiciones, ello no implica su mutua cancelación, ni mucho menos su incompatibilidad.
"La ética medioambiental nos sitúa ante la Balsa de la Medusa.
Allí estamos los hombres, solos ante la tormenta.
No hay ninguna instancia fuerte que pueda decidir por nosotros.
Estamos solos y somos responsables.
Algunos quieren dejar espacio a otras criaturas en la misma,
que no es sólo recipiente sino posibilidad de vida.
Nadie puede decidir más que nosotros."
Carmen Velayos
160Op. Cit. P. 290. En cursivas en el original.
161Op. Cit. P. 280.
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© Fabiola
Leyton - Noviembre 2005
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